Entrevista a Edith Rivas Riveros, editora de la segunda obra escrita sobre la historia de la enfermería en Chile.

«La posición de la enfermería chilena es destacada en el contexto iberoamericano, plenamente avalada por sus logros históricos en materia de desarrollo de estrategias y acciones en los diferentes programas de salud”.


«El capitalismo ha intensificado la cara agresiva y desigual de las relaciones sociales, pero la enfermería debe ir a la vanguardia y al rescate de la dimensión ética del cuidado».

La enfermería profesional comienza a desarrollarse en Chile en mayo de 1902, con el primer curso que se dictó en el Hospital San Borja de Santiago. Desde entonces, esta profesión ha debido enfrentar distintas etapas de la historia del siglo XX, las que son relatadas y estudiadas a través de los 13 capítulos que conforman esta obra de 6 años de revisión, publicada recientemente por Ediciones Universidad de La Frontera y lanzada en el marco del VII Simposio Iberoamericano de Historia de la Enfermería.

Compartimos aquí una entrevista realizada a quien ha sido su principal gestora, la Ph. D. en Enfermería, Magíster en Salud Pública y quien hoy se encuentra dirigiendo el Magíster de Enfermería de la Universidad de La Frontera, Edith Rivas Riveros.

La destacada académica nos ofrece un acercamiento a las temáticas reunidas en su libro, se refiere a la realidad actual de esta profesión en nuestro país y sus principales desafíos. Aprovechamos la ocasión para preguntarle por su opinión sobre el rol de la enfermería en el tratamiento de la pandemia por COVID-19.

1.- “Historia de la Enfermería en Chile” es un libro que da cuenta de una doble evolución de la enfermería: una a nivel histórico social, y otra a nivel institucional. Ambas rutas han implicado un lento pero progresivo camino hacia el reconocimiento y la autonomía científica–disciplinar. ¿Cómo podría usted definir este camino, luego de haber trabajado en la edición de este libro?

Primero decir que enfermería, como profesión, ha estado históricamente permeada por disputas entre la ayuda y el poder y su construcción científica no ha estado exenta de avances y retrocesos, de ambigüedad y complejidad, procesos expuestos en el primer libro de la Historia de la Enfermería Chilena de Rosalba Flores, editado en el año 1965. Desde entonces Chile no contaba con un documento histórico que mostrara el desarrollo de la profesión misma.

No hay duda de que la enfermería, desde su instauración profesional en 1905, ha tenido un avance significativo en cuanto a la construcción de saberes propios, conocimientos que pueden ser considerados como la ciencia de los cuidados, enfocada hacia los conocimientos necesarios para la atención intrahospitalaria, extra hospitalaria y especialmente en la comunidad.

Lo descrito anteriormente suscitó el desarrollo de este documento científico para intentar evidenciar las trayectorias de superación en torno a la imagen, autonomía, liderazgo y  empoderamiento, al mismo tiempo contribuir a la memoria histórica de la enfermería chilena.

Un avance significativo le corresponde al desarrollo de normativas que respaldan su actuar profesional en la Gestión del Cuidado que se define como “la aplicación de un juicio profesional en la planificación, organización, motivación y control de la provisión de los cuidados, oportunos, seguros e integrales, que aseguren la continuidad de la atención y se sustenten en las políticas y lineamientos estratégicos de la institución” (MINSAL, 2009).

Las rutas han implicado un lento, pero progresivo camino. Hoy se cuenta con un destacado avance clínico-asistencial y educativo (en pregrado y postgrado), con programas de magíster y doctorados acreditados, con presencia de investigaciones y con revistas científicas indexadas. 

2.- ¿En qué medida se mantienen y cómo afectan hoy los antiguos estereotipos de género en el ejercicio de la profesión y la disciplina? ¿Son concepciones superadas o constituyen todavía una problemática para su desarrollo?

En primer lugar, yo no hablaría de antiguos estereotipos de género. Pienso que la enfermería, ha estado permanentemente influenciada por las consideraciones de género, por ser una carrera predominantemente femenina, lo que ha restringido su evolución y desarrollo dando paso a un lento progreso.

Uno de los estereotipos tiene relación con la “imagen social” de la enfermera, comprendida como madre/religiosa, siempre dispuesta a otorgar cuidados, rasgos muy enraizados en el pensamiento popular. Asimismo, la imagen también se ve influenciada por los roles sexistas, que ocasionan marginación y daños en la identidad e imagen. Otro aspecto de esta dimensión es la subordinación, que se relaciona con déficit de autonomía profesional. Este último aspecto concierne a las estrategias de poder orientadas a modelar conductas de sumisión y dependencia.

Por otra parte, aún existe mucho déficit en la formación y estereotipos de género, estos persisten y no se eliminan durante el proceso de formación. Por tanto, se insta a que los currículos incorporen cambios en la identificación y fijación de estereotipos ligados al género y a la enfermería. Los programas deben desarrollar amplia reflexión en: estereotipos de género y discriminación por género.

 3.- Al leer el libro, se puede inferir que desde los primeros años de la enfermería en Chile, esta se ve imbuida de un alto componente social, el que fue muy marcado en los años de dictadura. ¿Tuvo alguna incidencia en el carácter social de la enfermería la instalación de la educación superior y la salud de mercado, donde la vocación pudo haber sido sustituida por motivaciones de orden económico?

Es innegable, hoy en día en Chile, el protagonismo que han adquirido las relaciones del mercado con la salud y la educación, siendo muy discutible la aplicación de los principios económicos a estas áreas, especialmente en el contexto latinoamericano, afecto a vulnerabilidades y crisis económicas.

Por su parte, la enfermería profesional en Chile ha estado sujeta a cambios trascendentales, en el contexto social, político y económico. De esta forma, los postulantes a estudiar enfermería en muchos casos eligen la carrera por información sobre demanda y oferta laboral, prestigio, movilidad social y empleabilidad; sin embargo, el fenómeno vocacional se debe mirar multivariadamente, donde también es posible observar el interés por realizar una contribución a la sociedad.

Chile hoy cuenta con más de 46.000 profesionales inscritos y un promedio de 5.000 titulados por año, indicadores, que parecieran mostrar que el número de profesionales supera la necesidad de cuidados en salud, pero se continúa en déficit. Mientras que la OCDE recomienda 9 profesionales por cada 1.000 habitantes, en Chile se dispone de 2,7 enfermeras/eros en ejercicio, ocupando el lugar 35 de 36 países (OCDE). Entonces habría que preguntarse que si a pesar de no contar con las enfermeras/os requeridas/os, se realizan máximos esfuerzos para entregar cuidados de salud de calidad.

En este contexto emerge la defensa del rol profesional de la enfermería, la que no ha tenido respuesta por parte de las autoridades correspondientes. Hay deudas históricas en materia de contar con el número adecuado de enfermeras y en materia salarial. Se debe reconocer en este rol a un socio fundamental de los gobiernos y de otros financiadores, para garantizar y asegurar un sistema de salud eficaz y rentable, al mismo tiempo que constituye una importante fuerza para el cambio.

Finalmente, expresar que el capitalismo ha intensificado la cara agresiva y desigual de las relaciones sociales, pero la enfermería debe ir a la vanguardia y al rescate de la dimensión ética del cuidado e invertir en ello contribuirá no solo al logro de metas de salud, sino a las de educación, igualdad de género, trabajo y crecimiento económico. 

4.- Existe un concepto que no es muy conocido, pero tiene una gran relevancia en el marco de los derechos humanos y la ética social que es “el cuidado” y cuya gestión se le ha encomendado institucionalmente a la enfermería. ¿Cuáles son los alcances de esa responsabilidad y cómo es posible llevar adelante un proyecto socio crítico como el que usted propone mediante la gestión del cuidado?

Aquí el argumento es el “cuidado emancipatorio”, basado en la articulación entre conocimiento, cuidado y poder. Para enfermería es un proceso de democratización de poderes al fortalecer la autonomía de los sujetos de cuidado. Concepción que incorpora: a) en la política de atención, una propuesta emancipadora del poder de ayuda; b) un modelo de atención de liberación y c) un canal de emancipación de la atención que indique dinámicas disruptivas.

Se entiende la política como la capacidad humana de saber pensar e intervenir críticamente, en una búsqueda de una mayor autonomía, en la posibilidad de apoyar en la construcción de una sociedad más igualitaria, más ética y justa. Para enfermería y las personas, significa pasar de una labor técnica a ser un agente de cambio público, de administrador de decisiones a formulador e inductor de ellos, de paciente a ciudadano, de enfermo a humano, con capacidad creativa.

Se trata de politizar la práctica social de la enfermería, compartir decisiones y ampliar el debate en torno a las diferencias. Instrumentalmente significa emancipar, repensar las prácticas y las relaciones en los procesos de trabajo, y reflexionar sobre la política de cuidado.

Enfermería a través de la Gestión del Cuidado, busca incrementar el nivel de salud de las personas y comunidades, repensando los valores de la deontología profesional. 

5.- Su libro fue presentado a principios de noviembre en el VII Simposio Iberoamericano de Historia de la Enfermería, realizado, por primera vez, en Temuco y en la Universidad de La Frontera, evento de gran magnitud e importancia, que justamente estuvo enfocado en la Historia de la Enfermería. ¿Cuál es la visión general que tienen las voces que están presentes en el libro y cómo la experiencia chilena puede aportar al contexto iberoamericano de la enfermería?

La posición de la enfermería chilena es destacada en el contexto iberoamericano, plenamente avalada por sus logros históricos en materia de desarrollo de estrategias y acciones en los diferentes programas de salud. Su trabajo se ha reflejado en la disminución de los indicadores, de morbimortalidad infantil y adulto, y enfermedades transmisibles.

Por otra parte, la formación universitaria de alta calidad, la ubican en un lugar destacado en Iberoamérica. Asimismo, su perfeccionamiento, calidad técnico profesional expresada en el conocimiento y habilidades razonadas presentes en las prácticas, al igual que sus relaciones profesionales de calidad, la posicionan en un lugar destacado en el contexto sanitario.

Desde lo jurídico, se cuenta con normas que respaldan el actuar del profesional en cuanto a la Gestión del Cuidado. El ejercicio de las normativas ha incidido en el desarrollo del liderazgo, autonomía, imagen y proceso de toma de decisiones.

La enfermería chilena hoy ha desarrollado con éxito las funciones del rol profesional y se destaca por la calidad profesional, restando aún involucrarse en la investigación y desarrollo de modelos innovadores de prestación de cuidados, que aporten evidencia sobre la eficacia de esta en la planificación, la gestión y la formulación de políticas en salud.

6.- ¿Cuál es la importancia que reviste hoy la enfermería en el campo de la Salud Pública y, desde su mirada, cuál ha sido el papel que ha jugado en el marco de la pandemia por COVID-19, en nuestro país?

Primero, expresar que las enfermeras/os constituyen el mayor componente de la fuerza laboral de atención en salud y no solo están capacitadas/os sino que son formadas/os con amplio conocimiento y habilidades para responder a desastres, como es hoy estar en primera línea.

Son garantes de los derechos de las personas y trabajan el cuidado como valor y como derecho social, aportando soluciones y estrategias desde su ámbito disciplinar y profesional.

Específicamente hoy en día, se han visibilizado sus funciones profesionales y han demostrado el relevante rol que juegan en la mitigación del contagio de la enfermedad, para reducir las muertes y controlar su propagación. Asimismo, son personal prioritario en el manejo de crisis, porque son un vínculo entre el paciente y el resto del equipo de salud. Permanecen junto a los pacientes y los valoran continuamente, otorgan cuidados, evalúan los procesos y actividades, siempre buscando formas más efectivas y eficientes. Su cercana interacción con los usuarios proporciona una buena comprensión de las necesidades de salud de la población, de la calidad de los cuidados y de la seguridad de los pacientes. Todo su actuar está regido por la entrega de cuidados humanizados, acompañando a los familiares de pacientes, asimismo otorgando cuidados del fin de la vida y entregando asistencia espiritual, todo ello bajo una ética base para la humanización del cuidado.

 

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